Entrevista a José Manuel Delgado Rodríguez


José Manuel Delgado Rodríguez es un músico de amplia formación, pero también un activo cofrade.

Estudió música en el Conservatorio de Música de Sevilla, en el que obtuvo el título de profesor de oboe. Muy vinculado a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, ocupó en la misma el cargo de Director Técnico desde abril de 1989 (antes incluso de su fundación) hasta julio de 2007. Su hermandad de toda la vida es la del Valle, aunque también pertenece a las del Gran Poder, Santo Entierro, La Hiniesta y la Pastora de Santa Marina.

En cuanto a su producción de marchas procesionales (caracterizadas por su finura y elegancia), encontramos doce para distintas hermandades de Sevilla, una dedicada a Jesús Sacramentado y otra para la insuperable Virgen de las Angustias cordobesa. También es autor de coplas para los cultos de las hermandades del Buen Fin, El Museo, Montserrat y El Valle. Y ha compuesto, cómo no, un importante número de piezas para música de capilla para Sevilla, si bien también recogió, armonizó e instrumentó los tríos de capilla que desde tiempo inmemorial se tocan con las “cuartas” y “quintas” de Marchena.

Hombre polifacético, también es autor de un libro sobre el centenario de la marcha Virgen del Valle y de varios artículos publicados en prensa y en diversos boletines de hermandades. Incluso dio el pregón de la Hermandad de la Hiniesta en 1999.

Hablar de José Manuel Delgado es hacerlo de uno de los principales pilares de la música de capilla. Vamos a intentar conocerlo un poco más a través de esta entrevista.

¿Su amor por la Semana Santa le viene de tradición familiar o por afición personal?
Pues en mi caso se han dado tres condiciones necesarias. La primera ser de Sevilla. Si hubiera nacido en Cincinnati casi seguro que no estaríamos hablando de esto (risas). La segunda, haber nacido en una familia de gran raigambre cofrade. A ellos les debo, como yo he hecho también con mis hijos, el ser hermano, desde mi nacimiento, de la Hermandad del Valle. Y la tercera… permítame que le corrija cariñosamente y cambie la palabra afición por la de devoción: para mí un paso es un altar.

¿Y a la música cómo llegó? ¿Motu proprio o algún antecedente en su entorno?
Mi abuela paterna era pianista, pero falleció cuando yo tenía dos años. No obstante, me dejó un legado musical: su piano, que estuvo siempre en mi casa, y sus partituras, que yo intentaba descifrar con curiosidad y cierta fascinación ante aquella grafía incomprensible, hasta que entré en el Conservatorio. Pero me estoy refiriendo al único conservatorio que había entonces en Sevilla, el viejo caserón de la calle Jesús del Gran Poder, que se demolió para hacer el actual y donde se daba la circunstancia curiosa de que allí era donde se guardaba el paso de la Soledad de San Lorenzo… Bueno, esto lo sé porque a pesar de mi figura atractiva y juvenil, en realidad yo ya soy muy viejo ¿sabe? (risas).

En cuanto a las marchas procesionales, a pesar de no ser un autor de una producción continua, vemos que lleva desde 2008 sin legar una marcha a la Semana Santa. ¿Considera que su aportación al género ya es suficiente o no descarta seguir componiendo?

José Manuel Delgado dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.
Yo nunca descarto nada, porque la vida siempre nos puede sorprender. Es cierto que no he hecho ninguna marcha desde entonces, porque los encargos que me han llegado o no me han interesado o no nos hemos puesto de acuerdo. Pero mi oficio es ser músico y, gracias a Dios, no sólo he escrito y escribo marchas. Yo escribo música diariamente, aunque de diversos géneros, no sólo religiosa, ocupación que comparto principalmente con la de director, que me toma mucho tiempo entre estudio y viajes. No te puedes poner al frente de una orquesta nacional, con noventa profesores delante y llevar la música hilvanada porque te pueden “partir la cara”, en sentido figurado, claro. Pero como ve, yo todavía conservo la cara intacta (risas).

Como usted dice, su producción musical no se circunscribe a las marchas. Y tal y como recogemos en el texto introductorio, su catálogo de composiciones para las hermandades y la Semana Santa no se ha limitado a las marchas.
Efectivamente. He hecho varias coplas, que es un género muy sevillano, incluso algunas para coronaciones canónicas y también, cómo no, música de capilla y obras para banda y para orquesta.

A la hora de componer música para las cofradías, ¿se siente especialmente cómodo con algún género (marchas, capillas, coplas) en concreto o cada uno le aporta cosas distintas?
Pues como antes le decía, la música es mi oficio. A mí me da igual una cosa que otra, sólo se trata de conocer “las reglas del juego” y aplicarlas según el más leal saber y entender. Aunque hay dos premisas que considero imprescindibles: conocer la técnica musical, cosa que no siempre ocurre, y adaptarse al carácter de la hermandad para la que se escribe, cosa que tampoco siempre ocurre. Lo que le puedo asegurar es que yo siempre escribo desde el respeto y la humildad. Si hay algo que tengo claro es que yo no soy Font de Anta… ¡Qué más quisiera! (risas).

Saludo final en el concierto «Saetas y otras músicas de la Pasión», celebrado en la Catedral de Sevilla el 12 de abril de 2011.
La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) bajo la dirección de José Manuel Delgado.

Su labor musical en el mundo cofradiero no se queda en la composición, sino que usted también se dedicó en su momento a la recopilación, ordenación y conservación del amplio archivo musical de su Hermandad del Valle, tarea que, imagino, sería considerablemente ardua. ¿Qué puede contarnos de aquella experiencia?
Sí. Pues durante la obra de remodelación y construcción de la cripta de la Iglesia de la Anunciación, aquello era un torbellino de obreros y de camiones entrando y saliendo constantemente con la hermandad dentro. Era como construir un bloque de pisos con las familias viviendo dentro. La hermandad se adaptaba a los espacios que podía moviéndose de un lado para otro con todos los enseres, llegando a tener que refugiarse por un tiempo en la escalera del campanario. Aquello era un caos. Un día, curioseando por la obra, vi unas alpargatas de un albañil envueltas ¡en papel de música! Horrorizado, me fui a hablar con el entonces mayordomo, don Fernando Duque Calderón, que en paz descanse, y le conté lo que había visto. De inmediato me dijo: “coge un taxi y te llevas toda la música a tu casa”. Y así lo hice. Aquello era una pila de sesenta o setenta centímetros de papeles de música. Una vez a salvo, durante un par de años, inventarié todo el patrimonio musical de la hermandad, pero no obra por obra, sino hoja por hoja. Luego puse el sello de la hermandad a las partituras que no lo tenían (entre ellas una copla nada menos que de Joaquín Turina: Elevación al Santísimo Sacramento) para que no se pudieran, digamos… “perder”, como ha ocurrido en otras hermandades. Terminado el trabajo, devolví todo el archivo a su lugar perfectamente inventariado y satisfecho de haber cumplido mi cometido. Y ésa es la historia.

Igualmente, usted es autor del libro La marcha “Virgen del Valle” cumple cien años, que versa sobre la figura de Vicente Gómez-Zarzuela, el nacimiento de la marcha y el suceso trágico que la originó. ¿Cómo decidió emprender la realización de dicho libro y cómo se desarrolló la misma?
Pues fue a petición del entonces hermano mayor don José María O’Kean, que en paz descanse, con motivo del primer centenario del estreno de la marcha. La verdad es que investigando me lo pase “pipa”. Hice la primera biografía documentada de don Vicente Gómez-Zarzuela y algunos descubrimientos como que la banda que la estrenó no fue Soria 9, como se creía hasta entonces, que estaba en el cuartel del Carmen, sino la del Regimiento de Infantería Granada 34 que estaba en el cuartel del Duque, bajo la dirección del músico mayor don Francisco Serra. Pero no todo fue, digamos, agradable. Algunos descubrimientos sobre las circunstancias de los náufragos del Aznalfarache, que fue la génesis de la obra, no los publiqué por que me parecían excesivamente trágicos e incluso macabros. Todavía hoy, si los recuerdo, se me ponen los pelos de punta. Aquello fue horrible. Pero, lo que son las cosas de la vida, de aquella espantosa tragedia surgió una de las melodías más bellas que se hayan escrito jamás.

Pasamos ya a la música de capilla. Sabemos que usted salió en las procesiones como intérprete de la misma durante varios años. ¿En qué época fue? ¿Qué imágenes acompañó? ¿Qué destacaría de aquella experiencia?
Yo empecé a tocar en capillas cuando todavía era estudiante de oboe y estuve haciéndolo 23 años seguidos. La primera vez que salí fue con el Cristo de la Fundación en los Negritos con don Enrique García Silva con el fagot y con su nieto, del que no recuerdo el nombre, con el clarinete. También me llamaron para tocar en la Hermandad del Museo, que sacó música de capilla sólo dos años, creo recordar, y en Marchena, en Dos Hermanas… Pero llegó un momento en que junto a unos amigos decidimos formar una capilla. Y dicho y hecho: Francisco Senra con el fagot, Nicolás Fontanillas y José Manuel Muñoz, que se alternaban con el clarinete, y yo. Llegamos a tocar en las siguientes cofradías: Domingo no había ninguna. Lunes en las Penas de San Vicente. Martes en Santa Cruz. Miércoles entonces no había ninguna hermandad que llevara capilla. Jueves, El Valle. La “Madrugá”, El Silencio. El Viernes, La Sagrada Mortaja y Sábado, El Santo Entierro. La verdad es que era duro, pero la juventud puede con todo.

Viernes Santo de 1982. La Sagrada Mortaja por las calles Bustos Tavera y Doña María Coronel.
Capilla musical —de izquierda a derecha—: Francisco Senra, Nicolás Fontanillas y José Manuel Delgado. Interpretan Anima Christi, de Agapito Insausti.

Su condición de intérprete y cofrade junto al probablemente escaso número de piezas conocidas entonces, serían el caldo de cultivo perfecto para que usted se animara a componer. No obstante, llama la atención (o al menos a mí me la llama) que un músico de su formación y con tanto contacto con el mundo orquestal —la élite cualitativa de la música— decida aportar composiciones a la música de capilla, género humilde y de ámbito local si se quiere. Por ello, creo obligado interesarme por la cuestión: ¿qué le lleva a componer música de capilla?
Efectivamente, cuando yo empecé el repertorio era escasísimo y la verdad, seis o siete horas tocando lo mismo era un suplicio. Pero no sólo escribí yo, también le encargamos música por ejemplo a Juan Antonio Pedrosa, hoy día catedrático de Armonía del Conservatorio, o al organista Fernando Caro, etc. y también hicimos adaptaciones de otras obra. En fin, que ahí empezó el “boom”. Con respecto a la segunda parte de su pregunta, yo soy de los que creo que no hay géneros mejores ni peores sino música buena y mala. Yo prefiero mil veces una buena canción del maestro Quiroga que una ópera que sea un tostón. Para mí nunca ha sido un desdoro hacer música de capilla porque sea una obra breve. Piense que a veces es más difícil condensar una idea en unos pocos compases que hacer una extensa melopea. Vamos, que me quedo con un soneto de Lope antes que con una novela del Oeste, no sé si me explico (risas). Y para rematar le diré que quizás fue música local, pero a mí me han dicho que han oído capillas mías en Málaga, en Huelva, en Cuenca, en Zamora… ¡Quién me lo iba a decir!

Además de sus obras propias, usted ha realizado adaptaciones de música cultual, como la cantata de Font Fernández para el Cristo de Burgos, el kirie de la misa de Gómez-Zarzuela para El Valle o sus propias coplas para el Cristo del Buen Fin. Retomo entonces la pregunta anterior: ¿cómo surge la idea de hacer estas adaptaciones?
Todas han respondido a peticiones. La de Font me la pidió el mismo que me encargó las otras capillas que compuse para el Cristo de Burgos. La del Buen Fin me la pidió la Hermandad para cuando el Cristo salió en el vía crucis del Consejo. Y la del Valle la usábamos para cuando los niños cantores se iban a merendar y a descansar un rato en medio de la procesión y nos quedábamos solos “los pitos”.

Jueves Santo de 1987, El Valle.
De izda. a dcha.: José Manuel Delgado, José Manuel Muñoz, Nicolás Fontanillas y Francisco Senra.

Y otras de sus adaptaciones son las de la primera y la octava saeta del Silencio para plantilla orquestal. Las mismas fueron grabadas por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, formación en la que algún componente también ha tratado de cerca el género como intérprete en la calle. ¿Suscitaron alguna opinión o comentario aquellas adaptaciones entre los componentes de la orquesta?
No. Entre los músicos no. Y entre los cofrades, al menos yo, no he oído ninguna queja. Estas orquestaciones fueron el resultado de un encargo que me hizo un destacado cofrade sevillano y se estrenaron en el Teatro Real de Madrid interpretadas por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla dirigida por el maestro Juan Luis Pérez.

Retomamos sus composiciones propias. ¿Cómo puede definir su estilo a la hora de componer una pieza de capilla?
Creo que sería pretencioso por mi parte decir que existe un “estilo Delgado”. No. Yo lo que siempre he pretendido es hacer una melodía que pueda agradar a la mayoría de las personas que conforman un grupo tan heterogéneo como el que se acerca, de manera fugaz, a ver pasar un paso en medio de la calle. Con eso me basta.

Dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.

Ahondando un poco más en el tema, ¿podría hacernos un breve análisis musicológico de sus capillas?
Pues como le decía antes, mis capillas se basan en la melodía y desde el punto de vista armónico siempre dentro de la ortodoxia, de la que me salgo de manera muy puntual, a veces imperceptible. Pero vamos, que nada de atonalidad y esas cosas. Seguro que a Schönberg o a Alban Berg, mis capillas no les gustarían absolutamente nada (risas).

Probablemente sus obras, junto a las “Saetas del Silencio”, sean las más extendidas entre los distintos grupos de música de capilla. ¿A qué cree que se debe?
Fundamentalmente a la fotocopiadora (risas). No, en serio. En realidad no lo sé. Es verdad que se han extendido mucho. Puede ser que gusten… o quizás también influya que, como yo lo he sufrido en mis carnes, procuro que mi escritura sea cómoda para los instrumentistas, que tienen que estar una pila de horas dale que te pego, y huyo de ponerlos en los límites de los instrumentos, porque además eso no hace falta. O hacer capillas demasiado largas porque eso tampoco hace falta y “mata” al músico.

A priori, y siempre que el público no interfiera, el silencio puede ser el medio más favorable al recogimiento en una cofradía. ¿Qué puede aportar entonces la música de capilla a esa atmósfera de intimismo?
El contraste. Después del sonido, cuando calla la capilla, es cuando de verdad se “oye” el silencio.

La Capilla Musical Pasión interpreta Crucifixión de José Manuel Delgado durante la subida al paso del Stmo. Cristo de la Sangre de la Hermandad de San Benito (Sevilla).
Martes de Pasión, 19 de marzo de 2013.

¿Está al tanto del momento actual de la música de capilla en cuanto a intérpretes y nuevas composiciones? ¿Le ve “buena salud” al género?
Pues la verdad es que desde que abandoné “la trinchera” no estoy tan al día, pero siempre se entera uno de cosas. Y sí, le veo buena salud, porque de la cantidad sale la calidad y eso ocurre tanto con los grupos de intérpretes como con las composiciones. Además, cada vez son más las hermandades que optan por esta música para su acompañamiento dentro y fuera de Sevilla.

Para terminar, dos preguntas. La primera, personal: ¿A qué imagen (no necesariamente de una hermandad proclive a ello) le gustaría ver con música de capilla?
Creo que las cosas están bien como están, porque en la Semana Santa las cosas se van transformando solas, sin violentar el estilo de cada hermandad. Sin ir más lejos y a título de ejemplo, el Cristo de la Sentencia de la Macarena sale con música de capilla cuando hace su vía crucis anual. Observe: el vía crucis con capilla y la “Madrugá” con la Centuria. ¿Se puede dar mayor contraste? Y la pregunta definitiva: ¿se puede dar mayor perfección?.

José Manuel Delgado dirigiendo a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) durante el concierto «Saetas y otras músicas de la Pasión» en la Catedral de Sevilla.

Y la segunda: usted que conoce bien la música que tienen las hermandades más allá de las marchas, ¿considera que coplas, capillas, etc. constituyen otro tesoro musical de las mismas? Y de ser así, ¿cree que se les da el sitio, la difusión y el valor que merecen?
Por supuesto que son un tesoro. En cuanto a la difusión, hay que tener en cuenta que cuando fueron compuestas la mayoría de esas coplas, generalmente para orquesta, coro y solistas, o sea, grandes formaciones, los músicos eran unos seres pluriempleados que por un salario miserable hacían por la mañana una misa y un entierro, por la tarde un culto de hermandad del que salían escopetados para ir por la noche al teatro o al cabaret hasta las tantas y aun así a duras penas conseguían llevar un plato de comida a sus casas. Quiero decir que hacer los cultos con todo boato, en aquellas fechas, era muy barato. Hoy día, gracias a Dios, los músicos son unos profesionales reconocidos, sus estipendios se han homologado con los de cualquier profesión y, claro, hacer un culto de aquellas características hoy sale muy caro y no todas las hermandades pueden. Y eso se ve en cualquier septenario o quinario, en los que se apañan, si acaso, con un organista y un cantor, aunque luego a la Función Principal ya lleven un grupo algo más nutrido… En resumen, es una pena que tanta música, en la que hay de todo desde luego, esté durmiendo el sueño de los justos criando polvo en los archivos, pero también hay que comprender las circunstancias de cada época. No obstante, yo creo que una posible solución pasaría por hacer grabaciones con una orquesta, un coro y solistas de calidad, que ahora los hay en Sevilla. Al menos así las conoceríamos…

Le agradecemos fervientemente su atención. Siempre es un placer entrevistar a alguien de tanto peso en este género de la música de capilla.
Yo también quiero agradecer muy sinceramente a esta magnífica Capilla Musical Pasión su deferencia para conmigo, a la vez que le auguro grandes éxitos.

Entrevista elaborada por Javier Martínez Macarro
para Capilla Musical Pasión.
En Sevilla, Cuaresma de 2013.

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