Hermandad de la Quinta Angustia (Osuna, Sevilla)

Antigua, Venerable y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y de Nuestra Madre y Señora en su Quinta Angustia.

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Victoria.

Para estudiar el origen de esta antigua Hermandad ursaonense contamos con la inmensa suerte de contar con el ejemplar original de la Regla fundacional, caso único de entre todas las antiguas corporaciones penitenciales de esta Villa. Gracias a esto sabemos que la Hermandad fue fundada en el convento del Espíritu Santo el 30 de octubre de 1580 y que poco tiempo después, el 3 de diciembre de ese mismo año, pasó a su sede histórica, el convento de San Francisco, en el cual adquirió su capilla el 2 de noviembre de 1581. La primera Junta de Gobierno que se eligió en el Espíritu Santo estuvo compuesta por Domingo Martín y Hernán Martín Bravo, mayordomos; Julio Colorado, secretario; Pedro Verdugo y Francisco Hervás, alcaldes, y Miguel Martín, Alonso de León, Bartolomé Sánchez y Marcos Rodríguez, Diputados. Miguel Jerónimo, mayordomo en 1581, fue el encargado de comprar, escriturar y labrar la capilla de San Francisco. El 19 de marzo de 1581 entró el Cristo por primera vez en ella y el 16 de abril de 1584 se dijeron misas contadas en el nuevo recinto sacro.

Las Reglas fundacionales están divididas en 28 capítulos; Fueron aprobadas por el Provisor y Vicario general del Arzobispado de Sevilla- cuya sede estaba entonces vacante por el fallecimiento del prelado Cristóbal de Rojas y Sandoval en septiembre de 1580- el 13 de mayo de 1581. Algunos apartados tuvieron que modificarse antes de la definitiva aprobación, y así ninguna persona podía repetir dos mandatos en el mismo cargo, ni ninguna mujer ir tapada, ni tampoco se podía pedir limosnas públicamente sin el preceptivo permiso eclesiástico. También se modificaron dos de las fiestas previstas por la Hermandad, la de la Santa Cruz y la de la Virgen de Agosto, que ya celebraban dos corporaciones más antiguas, la de la Vera+Cruz y la de la Concepción, y tuvieron que cambiarse por sendas funciones el día de la Intervención de la Santa Cruz y el día de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel. Estas Reglas tienen unas adiciones, siete concretamente, aprobadas en 13 de Junio de 1582 por el Gobernador y provisor General Iñigo de Leciñana. En ellas se contemplan una fiesta por la Ascensión y otra dedicada a San Bartolomé.

En los primeros capítulos de la Regla se detallan el juramento que debían prestar los hermanos para ser admitidos ( Cap. 1º) y las condiciones que debían reunir (Cap. 2º), que eran las habituales por esa época en casi todas las corporaciones penitenciales: cristiano viejo menor de cincuenta años, pues tenían derecho a enterrarse en la bóveda de la Hermandad. Había dos tipos de hermanos, los de luz y los de sangre, llamados también disciplinantes, que debían tener menos de 60 años y que pagaban de limosna por la entrada la mitad que las mujeres y que los hermanos de luz. Las elecciones (Cap 3º) tenían lugar el primera domingo después del día de la Santa Cruz De Mayo, y de ellas salía la Junta que gobernaba la Cofradía, que estaba compuesta por el Escribano ( que tenía voto de calidad en caso de empate), el Prioste, dos Mayordomos, dos Alcaldes y los Diputados, entre los que estaban el albacea y el ejecutor. Si algún hermano rechazaba el cargo debía pagar un ducado de sanción.

La Estación de Penitencia quedó fijada en principio “el juebes de la Cena” (Cap. 6º). A las 12 del mediodía debían estar juntos los hermanos para salir antes de las 2. El hábito para los hermanos de luz se componía de túnicas blancas hasta el suelo y escapularios negros con el escudo. Los de sangre llevaban túnicas cortas hasta medio muslo solo por la parte delantera y capirotes romos cubriendo el rostro con el escudo en el pecho. La Hermandad poseía “dos docenas” de túnicas. Durante el recorrido se procedía a escenificar el Descendimiento, primero en la Plazuela de San Pedro, y más tarde en el atrio de San Francisco (Cap. 28) “por la puerta que da a la plaza”, al resultar pequeño el primitivo escenario. Se colocaban tres cruces, la de Cristo y la de los dos ladrones, y al llegar el paso de la Virgen, tres sacerdotes descolgaban a Cristo y lo depositaban en brazos de su Madre. La Cruz, ya vacía, permanecía expuesta hasta el canto del Aleluya del Sábado Santo. Esta ceremonia del Descendimiento continuó celebrándose hasta bien entrado en s. XIX, a pesar de las reiteradas prohibiciones eclesiásticas como la que dictó el Obispo jiennense Rubín de Ceballos en 1784.

Las mujeres se situaban en el cortejo detrás del “Cristo pequeño” (Cruz parroquial) llevado por un oficial y rodeado por cuatro hermanos con cirios. El paso de la Virgen era portado por seis hermanos delante de los cuáles iba una trompeta que con su ronco sonido preparaba el ánimo de los fieles asistentes. Los cargos de la Hermandad portaban sus cetros o varas. La procesión hacía estación en San Pedro, Santo Domingo, el Hospital de la Encarnación, el Monasterio de las Carmelitas, la Colegiata y San Francisco, donde tenía su sede (Cap. 7º). El Cabildo General de salida tenía lugar el Domingo de Ramos y en él se exhortaban a los hermanos a confesar y comulgar antes de la estación de penitencia y a hacer las paces. La no asistencia a este acto estaba penada con dos libras de cera, y la falta de perdón al prójimo con un ducado. A los cabildos no se podía acudir con armas (Cap. 17º), y las Reglas se leían tres veces al año en las tres Pascuas.

Había dos tipos de limosna, en especie, en especial el vino para desinfectar las heridas de los disciplinantes, y en efectivo, para contribuir con los gastos de la salida. Los mayordomos debían tener dispuesto un lavatorio de vino cocido para curar las heridas de los disciplinantes (Cap. 25º ), vino que posiblemente se mezclara con mirto, tomillo, laurel, rosas y violetas según una antigua fórmula magistral, preparada por un boticario de Osuna. Además de las fiestas solemnes la Hermandad debía decir en su capilla misa cantada con asistencia de diácono y subdiácono “un domingo de cada mes”, y otra cantada y dos rezadas al fallecimiento de cada hermano. Los hermanos que faltaran a estas celebraciones debían pagar 20 maravedíes, o 10 si llegaban tras la lectura del evangelio. La cuota variaba según los recursos de cada hermano, los que más pagaban eran los “grandes señores y obispos” que debían entregar cuatro ducados. Los miembros de la Quinta Angustia debían visitar a sus hermanos y velarlos en turnos de dos. Los caudales, alhajas y papeles importantes de la Cofradía, se custodiaban en un arca de tres llaves que guardaban el Mayordomo, uno de los Alcaldes y el Escribano.

Sucesivos decretos firmados por los Vicarios, de Osuna en 1629, 1631, 1649 y 1653 confirmaron la salida procesional de la Quinta Angustia el Jueves Santo, a las dos de la tarde, y no después, ya que la Cofradía del Cristo de la Sangre, que salía el mismo Jueves desde San Agustín, había obtenido un buleto del Nuncio en España para evitar retrasos en su estación de penitencia. Pero los problemas entre las cuatro Cofradías que salían el Jueves Santo (Vera+Cruz, Cristo de la Sangre, Angustias y Dulce Nombre de Jesús), hicieron que en 1693 las Hermandades de la Quinta Angustia y Dulce Nombre de JHS entablaran un litigio judicial contra la de la Vera+Cruz sobre la asignación de día, hora y salida procesional, que culminó con la reorganización de días y horas, quedando el Jueves Santo las dos más antiguas ese día, Vera+Cruz (1545) y Dulce Nombre (marzo de 1582) y pasando el Cristo de la Sangre (1603) al Miércoles, junto con la Humildad (1604), que ya procesionaba ese día, y las Angustias al Viernes antes de la Cofradía del Santo Entierro y la Soledad (1560).

Por Bula de S.S. Benedicto XIV dada en Roma el 14 de Enero de 1756 esta corporación se adhirió a la orden Servita siendo así la segunda Hermandad ursaonense en hacerlo.

En el s. XIX no cabe destacar ningún hecho relevante dentro de la Hermandad y todo permanece prácticamente como hasta entonces.

El S. XX va a resultar bastante ajetreado para la Hermandad. En 1929 la espadaña del convento de San Francisco cayó sobre la capilla de la Hermandad, que perdió su retablo y tuvo que trasladarse a la capilla del Sagrario, quedando su antiguo recinto como almacén. En 1944, tras el hundimiento del convento franciscano, la Hermandad se trasladó en solemne Vía-Crucis el día de Nochebuena a la Iglesia de Santo Domingo, filial de la parroquia de la Asunción, donde residió, no sin incidentes, entre 1944 y 1958. En aquellos años la Hermandad tuvo la valentía de protestar públicamente por el despojo y venta de los enseres del arruinado convento franciscano (retablo, órgano, sillería de coro…). Para poder salir con facilidad por la puerta de Santo Domingo, la Hermandad costeó la ampliación de la misma, ganando así en altura unos 20 cms. Y favoreciendo al resto de Hermandades que residían en la Iglesia. El Viernes Santo de 1958, bajo el mandato de Rafael Cascajosa Ruíz y tras la entrada de la Cofradía en Santo Domingo, se celebró un trascendental Cabildo en el que se acordó solicitar al arzobispado la cesión del antiguo convento de Santa Clara para trasladar a ella a la Hermandad, ante la imposibilidad de reconstruir la antigua capilla de San Francisco, cuyo solar -que aún conserva en propiedad la Quinta Angustia- se encontraba junto al descargadero de la plaza de abastos. Tras un importante desembolso económico sufragado por suscripción popular ( un 25% de la cual corrió a cargo del Hermano Mayor) las Angustias se trasladó al antiguo convento de clarisas donde apenas estuvo doce años, pues el 7 de febrero de 1970 un nuevo hundimiento del inmueble- pocas horas después de que se hubiera celebrado un Cabildo-, esta vez por un exceso de carga en el muro medianero a la sacristía del antiguo cenobio, obligó a la Hermandad a trasladarse a su actual sede canónica, la parroquia de Nuestra Señora de la Victoria.

En 1980 la Hermandad celebró su IV centenario, si bien por diversas circunstancias los actos conmemorativos se desarrollaron en 1988, culminando estos con una función presidida por el arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo. La Hermandad posee una Casa Hermandad en el callejón del antiguo matadero y que fue la primera casa de este tipo que tuvo una corporación penitencial en Osuna. El Viernes Santo de 1993 la Hermandad presentó en su estación de penitencia tres cambios sustanciales: sacó música de capilla en sustitución de la habitual banda de cornetas y tambores, sustituyó la luz eléctrica en el paso por cera y cambió de recorrido. La regla actual data de 1991 y sustituyó a la primitiva, que estuvo vigente desde el origen de la Hermandad hasta ese año, con la única modificación del decreto de 1930 del cardenal Ilundain. La Junta de Gobierno está integrada por 11 miembros: Hermano Mayor, Teniente de Hermano Mayor, dos Secretarios, dos Tesoreros, Prioste, Vocal de Cultos, Vocal de Caridad, Vocal de Juventud y Capiller.

Los cultos internos que celebra la corporación son los siguientes: Quinario en Cuaresma, Función a la Virgen en Septiembre, Misa por los Hermanos difuntos en Noviembre y Función a la Inmaculada el 8 de Diciembre por la secular defensa que hizo la Hermandad del Dogma Inmaculista. También se celebran eucaristías mensuales en la capilla de la Cofradía. En el aspecto de la Caridad colabora estrechamente con Cáritas parroquial y toda asociación que así lo requiera.

En los últimos años la Hermandad ha contado con un grupo joven muy activo que actualmente en su mayoría forma la Junta de Gobierno que rige la Cofradía. Dado el afán de los miembros de mantener el sabor “añejo” que posee esta corporación, a pesar de estrenar varios enseres en los tiempos actuales, todos han seguido un canon estético acorde con el carácter sobrio y austero del que presume. El cuerpo de acólitos con sus respectivas dalmáticas y ciriales, el guión de juventud, las varas de mando… son algunos de estos enseres más destacados.

Actualmente la Junta de Gobierno se encuentra inmersa en una labor encomiable de recuperación y afianzamiento del patrimonio de la Hermandad. De este modo se han restaurado las tallas del Cristo y el niño Jesús, así como, la ráfaga de la Virgen. Próximamente se procederá de igual modo a la restauración de los cuadros que adornan la capilla, así como parte del retablo en el que se encuentra la Virgen y los propios muros de dicho recinto.

En el apartado musical, la Hermandad cuenta con una pieza de capilla titulada “Al pie de la Cruz” compuesta por D. Daniel Maldonado Domínguez y estrenada el Viernes Santo del año 2010. Desde ese mismo año nos acompaña una coral de voces, interpretando motetes a lo largo de la estación de penitencia, destacando, el Stabat Mater.

La Hermandad cuenta en la actualidad con unos 420 hermanos de los que 180 hacen estación de penitencia con el hábito nazareno que consta de túnica y antifaz de color negro. También son hermanos los 28 costaleros que calza el paso. La primera cuadrilla de hermanos portó el paso de la Quinta Angustia en el ya lejano año de 1975. La Hermandad edita desde la cuaresma de 1995 un boletín informativo anual en el que da cuenta a sus hermanos de las principales novedades referentes a la corporación.