Entrevista al compositor Francisco Pastor Bueno


Francisco Pastor Bueno es compositor y violonchelista. Nacido en Utrera —aunque ejerce de trianero orgulloso desde hace años—, comienza sus estudios musicales durante su juventud en León, si bien es en Sevilla donde adquiere la mayoría de su amplia formación. Sus obras han sido y son interpretadas por prestigiosas formaciones musicales y a día de hoy han sido recogidas hasta en seis trabajos discográficos.

Pero la música no es la única pasión que lo “envenena”, ya que Francisco Pastor se confiesa un enamorado de la Semana Santa. De hecho, pertenece a las hermandades sevillanas de Santa Marta y Los Servitas y pronunció el Pregón de la Semana Santa de Santander en 2010. Fruto de la unión de ambas pasiones son la veintena de marchas que ha compuesto hasta el momento y sus tres obras para música de capilla: Tríptico a la cruz de guía servita, Cuatro meditaciones ante Santa Marta y Díptico de la Pasión y el Desconsuelo. Su música es elegante, ensoñadora, medida y técnicamente enriquecedora, características que por desgracia no todo el mundo es capaz de apreciar y valorar como se merece.

Su humildad le lleva a huir de los principales focos semanasanteros, pero su calidad humana y musical le hacen merecedor de un reconocimiento al que con esta primera entrevista de nuestra web queremos contribuir.

Su amor tanto por la música como por la Semana Santa salta a la vista en cuanto se conversa mínimamente con usted. ¿Ambos le llegaron de la mano o alguno de las dos se adelantó?
Primero fue la pasión por la música, nací con ella, mi Padre era un extraordinario Poeta y Dramaturgo y, sin duda, heredé de él el amor por el arte expresado en mi caso a través de la música. La Pasión por la Semana Santa me llegó bastante más tarde, cuando pude regresar a Sevilla después de mi juventud vivida en tierras castellanas.

Usted vive con intensidad los días y las procesiones de la Semana Santa, y no sólo en Sevilla. Nos gustaría conocer su visión (sentimental o realista, o incluso de doble carácter) de nuestra Semana Mayor más allá de lo meramente musical.
La Semana Santa me proporciona la oportunidad de vivir dos emociones complementarias, una íntima y otra externa. Como creyente, vivo una semana en la que me identifico en el plano espiritual con el relato evangélico que nos enseña la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Pero también me permite visualizar junto a mis paisanos esa religiosidad popular que la hace posible pues, aunque es cierto que sin las Cofradías no podríamos manifestar esa religiosidad, sin los espectadores llenando el magnífico escenario de nuestras calles y plazas con la perfecta coreografía que sólo la gente de Sevilla sabe interpretar, tampoco sería posible nuestra Semana Mayor.

Pero, obviamente, no podemos rehuir la pregunta clásica. ¿En qué estado de salud ve la música procesional actualmente?
El enunciado de la pregunta es tan amplio, que no es posible articular una única respuesta que lo englobe todo, en un sentido o en otro, sin caer en localismos o lugares comunes tan habituales en este tema. Analizar la salud del género, desde Compositores e Intérpretes hasta Estilos y Gustos, daría para otra entrevista tan extensa o más que la que nos ocupa.

Y según lo que uno ve en las hermandades y en la Semana Santa no ya sólo durante sus fechas propias, sino también el resto del año, ¿las ganas de componer música cofradiera vienen solas o la motivación es esquiva y hay que ir a buscarla?
En mi caso, las ganas de componer música cofradiera han sido sustituidas por los encargos, las peticiones o los compromisos, ya que cada año recibo una media de 10 peticiones de las que, escasamente, puedo atender una o dos. La motivación para hacerlas es otra cosa, tiene que llegarme desde la imagen destinataria de la obra, si no me invade su fuerza expresiva, si no me desborda anímicamente su belleza plástica y emocional, no me intereso por la obra.

No obstante, usted va estrenar dos marchas en Cuaresma y otra tras la Semana Santa.

Dirigiendo a la Banda Municipal de Música de Coria del Río (Sevilla)

En efecto, así es, y en cada una de ellas he sentido esa pasión intrínseca que me llevó a crearlas. La Carretería, Op. 42, emergió tras el encargo del Maestro Toscano para el nuevo disco de su Banda de Las Cigarreras y nada más pedirme el Maestro que me inspirara y la dedicara a la Hermandad del mismo nombre, enseguida percibí el ambiente romántico de la luz antigua del Viernes Santo que la motivó. Tras el Amor, Op. 44, respondió a mi participación en el XXV Aniversario Fundacional de la Banda Municipal de Coria del Río y cobró su motivo en la relación entre la severidad de la desnuda madera de La Cruz y la entrega infinita del Amor tras los que siempre está la Virgen para socorrernos. Y Victoria Reina de Huelva, Op. 40, que fue un encargo de la Hermandad para la Coronación Canónica de su Virgen, está cimentada en la impresionante devoción con la que los onubenses acompañan y arropan a esta Virgen tan hermosa.

Centrémonos ahora en el mundo de las capillas. Viéndola desde un punto de vista pragmático -si así quiere calificarse-, la música de capilla es un género que puede presentar al compositor más inconvenientes que ventajas: poca repercusión de las obras; pocos instrumentos con las limitaciones de duración, voces y otras cuestiones que ello conlleva; desconocimiento general por parte de los propios intérpretes de las obras existentes para el género; etc. ¿Qué lleva entonces a un autor a componer música de capilla?
En mi caso un doble impulso. Una de mis especialidades musicales es la Música de Cámara y el Trío o Cuarteto de Viento (que son los que integran las Capillas musicales) es una  formación ideal para que un Compositor trabaje camerísticamente. Por otra parte soy, y así se me ha definido siempre, un compositor intimista, que gusto de mimar los volúmenes sonoros y de entrelazar las voces en un intento de igualar su importancia expresiva, pues también a esta característica de mi música le viene muy bien la Capilla Musical.

A pesar de las limitaciones a las que hacíamos referencia, los compositores suelen señalar que la música de capilla da al autor más libertad que la marcha procesional. ¿En qué consiste esa libertad exactamente?
En que no existe un marco estructural (llámesele forma, si se quiere) que nos constriña en el planteamiento temático y su desarrollo, aquí la única limitación es temporal, pues se acostumbra a que dure uno o dos minutos como máximo, pero solo depende de la inspiración del compositor llenarlos con la música que mejor imagine.

Por sus propias características y su carácter íntimo además de por esa libertad que aporta, ¿la música de capilla puede llegar a ser un medio mejor que una marcha para que el compositor intente acercarse a Dios y pueda transmitir las sensaciones y el recogimiento que ello le produce?
Es cierto que la Música de Capilla incita más a la oración y al recogimiento contemplativo ante la presencia de un Paso procesional, pero también lo es que las propias Cofradías que utilizan este tipo de acompañamiento musical conforman una determinada mise en scène para propiciar ese acercamiento a Dios. No obstante, yo no le negaría a determinadas Marchas Procesionales esa idoneidad para la oración.

Hablábamos antes de la motivación para componer música cofradiera en general y de las razones que llevan a escribir música de capilla en particular. ¿Cómo surgieron las composiciones que usted ha escrito para esta última?
El Tríptico a la Cruz de Guía Servita, Op. 10, surgió de un impulso interior tan inesperado que incluso me sorprendió a mí mismo y me hizo abalanzarme sobre el piano para que no se perdiera esa inspiración; de inmediato el Hermano Mayor de mi Hermandad Servita me pidió que les dedicara la obra. Las Cuatro Meditaciones ante Santa Marta, Op. 18, fue un encargo expreso del Cuarteto San Telmo de Sevilla, a quienes está dedicada la obra, en su intento de continuar las composiciones para Cuarteto de Flauta, Oboe, Clarinete y Fagot que ya iniciara Vicente Gómez Zarzuela. El Díptico de la Pasión y el Desconsuelo, Op. 24, debe su nacimiento a una conversación que mantuve con dos jóvenes trianeros —Javier y Hugo— que me impresionaron con su amor por la música de capilla y por su exquisito conocimiento de ésta, lo que me impulsó a poner un poco más de mi parte en este estilo que ellos tanto valoraban.

Además de las que tiene hechas, ¿algún encargo o alguna intención motu proprio de componer quedó finalmente en el aire?
Hace pocos años recibí la petición para escribir una pieza de Capilla para una determinada imagen cristífera, pero aunque en aquél momento no rechacé la petición, la verdad es que no se han dado las condiciones idóneas para que yo abordara la composición de aquella obra.

Muchos de los que se detienen a prestarle siquiera una mínima atención a las piezas de capilla suelen decir que todas les parecen iguales. Aun así, casi se puede afirmar que cada autor presenta un estilo propio a la hora de componer para este género. ¿Cómo definiría el suyo?
En mi música de capilla está contenida la esencia de mi adscripción a la corriente compositiva conocida como Neotonalismo -que nació en el siglo XX como reacción al atonalismo- que nos permite a los compositores volver a la tonalidad que fue marginada por las corrientes contemporáneas, pero utilizando conjuntamente aspectos y recursos de todas las tendencias anteriores. Así, en mis obras para Capilla convive la melodía tonal con acordes alejados de la tonalidad principal e incluso con interesantes juegos de disonancias que modulan los colores de la música. Reconozco que tuve que echar mano de un arrojo de valentía para hacer una música tan avanzada estéticamente en un plano tan clásico como era la música de capilla que ya existía, pero ese es mi estilo musical y no hubiera querido, ni podido, renunciar a él.

Y ahora, individualizando, nos gustaría que nos realizara un breve análisis musicológico de sus capillas, de manera que el lector que tenga nociones musicales pueda comprender las mismas desde el punto de vista de su autor.
El Tríptico es mi primera obra para Capilla Musical que está firmada en el año 1998 para una plantilla de Oboe, Clarinete y Fagot. Articulada en tres movimientos, está concebida como una pequeña Fantasía descriptiva del discurrir de la Cruz de Guía de mi Hermandad Servita en la tarde noche del Sábado Santo. Es quizá la obra en la que más se afirma mi adscripción neotonalista. El primer movimiento titulado La Salida, está construido sobre una sucesión de acordes descendentes con sentido percutivo en la voz del bajo (Fagot) representando una llamada de atención al público para que concentren su atención en el cortejo procesional, para lo cual utilizo como elemento descriptivo una serie de acordes disonantes debidamente resueltos. El segundo movimiento titulado Ante Sor Ángela es todo él una recogida oración que describe el tránsito de la Cruz de Guía ante el Convento de las Hermanas de la Cruz. El tercero titulado Por Dueñas de recogida evoca el ambiente decimonónico cargado de duende y de sevillanía que desprende el caminar de la Cruz por la calle Dueñas con el alto ciprés del Convento de la Paz como fondo. En general toda la obra discurre como un gran diálogo entre las tres voces con una importante escritura contrapuntística en todas ellas, especialmente para el Fagot que en esta obra no se centra sólo en las notas fundamentales del acorde sino que canta y, en ocasiones, provoca la reacción de las otras dos voces.
En los cultos semanales de mi Hermandad de Santa Marta se reservan unos momentos a la meditación de los hermanos durante los que suele sonar de fondo algún tipo de música clásica. Cada vez que asistía a dichos cultos imaginaba alguna música mía que pudiera cumplir esa función, por eso cuando en el año 2003 el Cuarteto San Telmo de Sevilla me encargó la composición de una obra para su formación y me dio libertad de elección temática, me decidí a desarrollar aquella idea y compuse las Cuatro Meditaciones ante Santa Marta. Escrita para una plantilla de Flauta, Oboe, Clarinete y Fagot, se articula en cuatro pequeños Adagios que se pueden tocar de manera independiente o bien sin solución de continuidad. En ellos recurro nuevamente al desarrollo melódico ora repartiendo una misma melodía entre las distintas voces en un juego de crescendos y decrescendos (primera meditación), ora poniendo a prueba la afinación de los instrumentos estableciendo cantos en octava entre flauta y oboe o entre flauta y fagot, ora planteando un juego de acordes disonantes unas veces preparados y otras sin preparar (tercera meditación), ora haciendo progresar a la melodía sobre una serie de acordes en relaciones excepcionales o utilizando la tercera picarda para cambiar el color en la tonalidad del acorde final (cuarta meditación).
En el mes de Julio del año 2000 publiqué un artículo en la Revista Triana en el que fantaseaba con una Semana Santa trianera que tuviera a la Parroquia de Santa Ana como centro de la confluencia de nuestras hermandades y con la Plaza del Altozano a modo de Campana, incluyendo Cofradías de negro según cuentan que antaño existieron. Por eso, como fantasear es gratis y no hace daño a nadie, cuando en una noche del mes de noviembre del año 2005 aquellos jóvenes trianeros —Javier y Hugo— me convencieron de que merecía la pena conservar y aumentar el patrimonio musical para las Capillas, imaginé de nuevo la escena de hermosura difícilmente superable con la que yo había fantaseado en aquél artículo, en la que un Cristo crucificado y muerto salía en procesión desde la Capilla de Afuera de la Cartuja sevillana, bajo las sombras de la noche a la luz de silentes nazarenos de negro portando antorchas. Y como la música no sólo admite sino que es generadora de fantasía, compuse el Díptico de la Pasión y el Desconsuelo, una obra romántica en la que el juego de los silencios provoca y sonsaca al juego de las melodías, sea en el Oboe, en el Fagot o en el Clarinete. La obra se articula en dos movimientos, el primero –La Pasión del Hijo– en la tonalidad de Sol menor y el segundo –El Desconsuelo de la Madre– en Do menor; música a veces trágica que por momentos se deja languidecer, pero siempre imbuida de un sentimiento romántico que todo lo envuelve.

¿El proceso creativo de una capilla puede llegar a ser tan costoso como el de una composición para una banda, orquesta o cualquier plantilla instrumental más amplia que un trío o cuarteto?
Tan costoso no, evidentemente, ni en tiempo de duración del trabajo, ni en cantidad de temas, desarrollos y modulaciones, ni en el número de instrumentos para los que hay que escribir. Pero la música ha de ser trabajada en uno y otro caso con la misma inspiración creativa y con la misma riqueza armónica y contrapuntística, pues en este caso –como en toda la música de cámara- las voces y las armonías están más al descubierto y por lo tanto deben ser exactas.

Sus últimas capillas las realizó a finales de 2005. ¿No descarta volver a este género alguna vez o hay motivos que le han llevado a darlo de lado?
Ya no siento la necesidad de manifestarme a través de este estilo de música, mi pensamiento musical y mis requerimientos expresivos son ahora tan complejos que requieren muchos más medios que los que ofrece la Capilla, de manera que sólo un encargo verdaderamente importante podría torcer el rumbo de mi agenda para intercalar una obra de Música de Capilla.
Por otra parte, tenga en cuenta que aunque mi integral para Capilla Musical se enuncia en sólo tres títulos, en realidad son nueve piezas, cada una de ellas con una duración estándar en este tipo de obras. Creo que mi aportación ya es considerable.

Volviendo a su faceta de cofrade, ¿cree que las hermandades valoran y dan un trato correcto a la música de capilla?
Por lo que conozco hay de todo, como en botica, desde las que se enrocan en una sola obra y la repiten hasta el punto de volverse cansinos, hasta las que se conforman con que “suene algo”. En todo caso, si creo que son poco proactivas en favor de este tipo de música, pareciendo algunas veces que no es más que parte del atrezzo de la Cofradía. Pero también es verdad que cada vez hay más jóvenes cofrades que se interesan por reivindicar este estilo y trabajan en sus Hermandades para la digna elección del repertorio. Algún caso conozco de estos jóvenes a los que les ha costado el puesto tanta defensa.

¿Los propios intérpretes pueden, o incluso deben, tener mucho que decir en que el trato de las hermandades hacia este género mejore?
Creo que a los intérpretes en general —excepciones haberlas, haylas— les queda muy poco margen de maniobra ante la situación expresada, pero también conozco casos de Capillas Musicales estables, tanto en Sevilla como en Málaga, que siempre que pueden utilizan ese margen de maniobra para interpretar obras buenas e interesantes tanto de autores de ayer como de autores de hoy, podría citar la Capilla Musical de Sevilla, el Cuarteto San Telmo, la Capilla Musical Pasión o la Capilla Musical Virgen de la Caridad de Málaga, entre otras.

Fantaseemos un poco. ¿Qué imagen (que no qué paso), a ser posible una perteneciente a una hermandad con carácter lejano al silente, le gustaría ver con música de capilla?
Bueno, como fantasear no daña a nadie…. Sería impresionante encontrarse una noche de primavera por las recónditas calles del Arenal, al arrullo de la suave música de una Capilla Musical, con el impresionante Cristo de la Misericordia que el genial Ortega Bru talló para la Hermandad del Baratillo. Si alguien encuentra en mi respuesta alguna fortuita coincidencia con mi Cristo de la Caridad de Santa Marta será sólo cuestión de su propia fantasía.

Por último, ¿cree que en música de capilla está todo o casi todo dicho o en cambio es un mundo que aún puede darnos mucho y evolucionar en buena medida?
En la música en general nunca está todo dicho, pues de lo contrario mal nos iría a todos los compositores actuales y futuros, por consiguiente, tampoco está cerrado el campo de la música de capilla. La pregunta entonces es ¿hasta dónde están las Hermandades y los Cofrades dispuestos a dejarnos llegar a los compositores en el desarrollo y modernización de este estilo musical? Si nos miramos en el espejo de la Marcha Procesional, y la valoración que unas y otros hacen entre las de ayer y las de hoy, pocas palabras bastan.

Le agradecemos mucho la atención prestada y le deseamos que siga disfrutando con la música al igual que haciéndonos disfrutar a todos con sus composiciones.
Muchas gracias a la Capilla Musical Pasión por prestarnos a los compositores en general, y a mí en particular, la atalaya de vuestra página web para la verbalización de nuestras experiencias y la plataforma de vuestros instrumentos para que podamos dar sonido a nuestras emociones.

Entrevista elaborada por Javier Martínez Macarro
para Capilla Musical Pasión.
En Sevilla, pre-Cuaresma de 2012.

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